
La universidad enfrentaba un “nudo” clásico de la era de la disrupción: el modelo educativo tradicional, estructurado en silos de conocimiento, lucha por mantener la relevancia frente a la velocidad exponencial del cambio tecnológico. El síntoma visible era la necesidad de un “ciclo de conferencias de innovación” para 1,000 estudiantes. El nudo real, sin embargo, era un sistema de problemas interconectados:
Rechazamos la solución simple de proveer un “catálogo de speakers”. En su lugar, aplicamos el “Triángulo de la Disolución” para rediseñar la intervención misma:
Al cambiar el marco del problema, ciertos “problemas” se volvieron irrelevantes: